Macedonio Fernández:
Desfundación Metafísica y Textual en el Archivo Crítico de la Modernidad
Macedonio como Archivo Crítico de la Modernidad
Macedonio Fernández (MF), figura nodal de la vanguardia argentina, es reconocido por la crítica como el precursor fundamental de la literatura moderna en el Cono Sur, al punto que Ricardo Piglia llegó a afirmar que la "literatura argentina es Macedonio Fernández". Su proyecto, que se desarrolla en la intersección problemática entre la literatura y la filosofía, no busca simplemente reformar géneros, sino subvertir las categorías ontológicas fundamentales del pensamiento occidental. Este escritor, a quien Borges designó como un "semidiós acriollado", se erige como un archivo crítico en sí mismo, cuestionando la noción de Yo, la existencia del mundo tal como se percibe, y la función tradicional del autor.
La estética macedoniana, cuyo principal antagonista es la visión "realista", postula la necesidad de una conmoción radical. Su objetivo no es el placer sensorial, sino romper las estructuras mentales convencionales a través del arte y el pensamiento para generar nuevas perspectivas distintas a la habitual. MF construye una noción de arte que desafía la clausura y la certidumbre, promoviendo una experiencia estética que es, simultáneamente, un experimento de "desatención macedoniana" que culmina en lo que él denomina la "Emoción artística". Esta postura singular le asegura un lugar de vanguardia, más allá de las etiquetas cronológicas, como un pensador que anticipó las crisis teóricas post-fundacionales de la literatura latinoamericana.
La obra de Fernández, lejos de ser un todo orgánico, presenta profundas tensiones entre su escritura ontológica y sus recursos ficcionales. Por ello, se requiere una aproximación multidisciplinar que ponga en diálogo su "empirismo de lo irreal" con marcos teóricos que aborden el sujeto, la textualidad y la metafísica desde la crisis. La selección de Søren Kierkegaard (SK), Jacques Derrida (JD), Germán Leopoldo García (GLG) y José Lezama Lima (JLL) para enmarcar la escritura de MF se justifica por la capacidad de estos autores para iluminar el proyecto macedoniano de desfundación:
Søren Kierkegaard: Permite analizar la dimensión existencial y ética de la negación del yo. La ironía kierkegaardiana, entendida como negatividad productiva y ejercicio de libertad subjetiva, se traduce en la Humorística Conceptual de MF como medio para alcanzar la verdad subjetiva y el Misterio. Temor, temblor... y silencio.
Jacques Derrida: Proporciona las herramientas para el estudio de la textualidad abierta y la disolución del autor. La de(s)construcción, centrada en la crítica al cierre sistemático y a la metafísica de la presencia, es vital para entender el Museo de la Novela de la Eterna.
Germán Leopoldo García: Desde su interpretación del psicoanálisis lacaniano, ofrece una clave de lectura fundamental para interpretar la crítica macedoniana al yo. GLG analiza la escritura inorgánica y la primacía de la letra como metáfora del inconsciente, y la realidad como una "afirmación primera" artificial.
José Lezama Lima: Aunque formalmente distinto, Lezama dialoga con MF en la tarea de la desrrealización. Su estética del barroco y la noción de la Imagen como realidad propia ofrece un contraste enriquecedor con la metafísica de la afección de Fernández. Todavía está por establecerse un gran puente hermenéutico y semiótico entre su novela Paradiso y el Museo de MF.
Dentro del marco de esas cuatro perspectivas diferentes y convergentes, Macedonio Fernández ejecuta una desfundación metafísica y textual de la modernidad. Su estética, bautizada Belarte Conciencial o Humorística Conceptual, utiliza la fragmentación formal, la suspensión narrativa (el "lento venir viniendo") y la Altruística para subvertir las categorías de Yo, Realidad y Autor. Este proyecto de lo "posible" se manifiesta en la obra como un espacio de indecidibilidad que anticipa y sienta las bases de las crisis teóricas post-fundacionales en la literatura hispanoamericana.
La articulación de estas coordenadas teóricas revela la coherencia del proyecto macedoniano en su desafío a las convicciones instaladas sobre la narración y la existencia.
La Ironía como Negatividad Productiva
Macedonio Fernández concibió el humor como un dispositivo esencial que permite al lector experimentar el "susto de la inexistencia". Su teoría del humor, atada a urgencias vitales y a la ambición metafísica de subvertir la realidad cotidiana, no es un asunto menor, sino una estrategia cognitiva y existencial. Esta postura se correlaciona directamente con la función de la ironía en la filosofía de Søren Kierkegaard.
Kierkegaard describe la ironía como una fuerza con un "carácter ejecutivo" que tiene el poder de convertir "todo en nada". Este proceso de anulación no es un fin en sí mismo, sino una precondición productiva que ostenta la "libertad subjetiva" y la "posibilidad de un comienzo". En la ficción macedoniana, esta negatividad se manifiesta al socavar la eficacia de la creencia y al burlarse del "verosímil pueril" del realismo. La técnica de la Humorística Conceptual de MF es, por lo tanto, una praxis existencial: porque el vacío del yo que Macedonio busca provocar en el lector resulta indispensable para que el sujeto pueda postular su propia posibilidad y romper con la inmediatez de lo dado.
Kierkegaard establece una dicotomía fundamental entre la verdad objetiva (accesible histórica o especulativamente) y la verdad subjetiva, que requiere una apropiación apasionada por parte del individuo. En el socratismo (con el que Kierkegaard dialoga), la búsqueda de la verdad implica reconocer la ignorancia, pero en el cristianismo, la no-verdad se convierte en pecado, exigiendo que la verdad provenga de una fuente externa (Dios), comunicada indirectamente (el enigma de Cristo).
Macedonio Fernández traduce este problema existencial en su "Metafísica de la Afección" y su noción de Altruística. Para MF, la meta del arte es "romper el solipsismo, la esfera del yo". Esta ruptura del encierro de la conciencia interna, bajo la especie de la pasión, es lo que se denomina "amor" o Altruística. Esta Altruística se define como una "emoción pura del dominio ético" y representa la liberación de los "lastres del yo".
La correlación entre ambos pensadores se centra en la necesidad de la fe o la creencia apasionada. Si la verdad subjetiva de Kierkegaard requiere el salto de fe ante el enigma, la Altruística de MF se postula como la realización ética y estética de dicho salto. En Museo de la Novela de la Eterna, el personaje Deunamor "revive a su amada porque cree en sus sueños y es feliz pues fía en la eternidad de los amantes". La Altruística, al reemplazar la verticalidad de la fe en Dios por la horizontalidad de la fe en el otro, libera al individuo de la duda radical del yo para integrarlo en una "comunidad imaginaria" a través de la conversación.
La Mística de Macedonio está dirigida a socavar la "certeza ilusoria" de la realidad. Germán Leopoldo García, analizando el mundo macedoniano, postula que lo que se entiende por realidad es una construcción artificial basada en una "afirmación primera" y mantenida por "simplificaciones cosificadas" que la costumbre naturaliza como verdad. El arte debe subvertir esta naturalización, generando una "conmoción estética".
Esta crítica a la realidad fenomenológica como hábito encuentra un paralelo en la crítica kierkegaardiana a la existencia inauténtica. Kierkegaard analiza los "estadios en el camino de la vida," siendo el primer estadio el estético, centrado en el placer y la inmediatez. La crítica macedoniana a la costumbre, que anula el Misterio insustituible de la conciencia y el mundo, se equipara a la crítica de Kierkegaard al "hombre inmediato". El Belarte de MF busca forzar la ruptura con esa inmediatez estancada, obligando al sujeto a confrontar la posibilidad de la no-existencia y, por ende, su propia libertad.
El Museo de la Novela de la Eterna como Laboratorio Desconstructivo
La obra capital de Macedonio Fernández, Museo de la Novela de la Eterna, es un ejemplo consumado de experimentación textual que anticipa procedimientos desconstructivos. El Museo es una anti-novela estructurada por infinitos prólogos que sistemáticamente retrasan el comienzo narrativo.
Esta estrategia de suspensión es la manifestación práctica de la différance derridiana. Derrida señala que la deconstrucción es una "reflexión sobre el sistema, sobre el cierre y la apertura del sistema". El prólogo infinito de MF impide el cierre ontológico y semántico, manteniendo el texto en un estado de movimiento perpetuo y de "incesante imposibilidad". La obra no solo critica el género de la novela, sino que se convierte en una crítica meta-estructural, donde el marco (paratexto) devora al texto, disolviendo la jerarquía tradicional entre el contenido principal y sus suplementos. Al igual que la deconstrucción busca cuestionar cómo se llega a las verdades establecidas y qué se excluye en el proceso, el Museo desafía las convenciones que dictan la ley de la receptividad literaria.
Macedonio Fernández manifestaba una constante preocupación por la "inexistente vivencialidad de 'lo leíble'". Su rigor respecto a la ficción lo llevaba a declarar que no confundía los planos: "Yo quiero que el lector sepa siempre que está leyendo una novela y no viendo un vivir, no presenciando 'vida'".
En este contexto, MF establece una preferencia estética por la prosa escrita sobre el verso o la verbalización. Argumenta que la prosa escrita es un instrumento más "monótono e insensible," ya que los "signos escritos casi no evocan sonido". Esta postura opera una inversión del logocentrismo occidental, que tradicionalmente ha privilegiado la voz y la presencia. MF abraza la ausencia y la materialidad fría del signo escrito, alineándose con la crítica derridiana a la metafísica de la presencia. Al negar la mímesis y afirmar que sus personajes son "caballeros-no-existentes", MF destruye la función referencial del lenguaje y orienta el arte a "desafiar con lo artístico lo verosímil". La "lectura loca" que propone busca convencer por arte, "no por verdad", evidenciando que el lenguaje en su escritura no tiene una función ontológica de representación, sino de pura textualidad.
Macedonio emprende la "anulación de la figura de autor" mediante la superposición y contradicción de "múltiples autobiografías". Esta estrategia es más que una excentricidad; es un acto de desplazamiento de la autoridad, un impulso hacia la heterogeneidad que Derrida defiende contra los sistemas cerrados.
La de(s)construcción del autor-función tiene una consecuencia directa en la figura del lector. Macedonio transforma al lector en un "personaje que está siendo leído", forzándolo a una participación activa como "decodificador de la escritura" y capaz de "marcar un rumbo en ella". Este lector, al creer en la experiencia estética de las relaciones técnicas verbales, "deja de ser el que era, se des-identifica momentáneamente".
La política de la escritura de MF se manifiesta en su preferencia por medios como revistas y folletines, en contraste con el libro que "singulariza la función autor y determina la propiedad privada". Al proponer su "Belarte" como Altruística Textual, el escritor se libra de los "lastres del yo" y fomenta una comunidad imaginaria. Así, la negación del Yo y la abolición de la autoría se articulan como una praxis que subvierte la institución literaria tradicional y el narcisismo del artista moderno.
La Introducción del Psicoanálisis Lacaniano
La lectura de la obra de Macedonio Fernández experimentó una inflexión fundamental con la aparición de Macedonio Fernández. La escritura en objeto (1975) de Germán Leopoldo García. García, desde su experticia en el psicoanálisis de orientación lacaniana, reubica la experimentación macedoniana no como mera vanguardia, sino como una profunda indagación sobre el sujeto y el lenguaje.
El análisis de GLG permite interpretar la estética de MF como una escenificación de la estructura del inconsciente. La primacía de la letra en la enunciación y la "escritura inorgánica" del Museo son vistas como metáforas del inconsciente mismo. (“Temor, temblor... y silencio.”) Este marco teórico establece que el sujeto macedoniano, que coexiste en relatos que superan la frontera entre lo objetivo y lo ficcional, es un sujeto polifónico que se (de/s)construye como efecto del lenguaje.
La metafísica de Macedonio, dirigida a la anulación de la dualidad sujeto-objeto, encuentra su correlato teórico en la visión de la realidad articulada por GLG. Según García, lo que la conciencia comprende como realidad es una "construcción artificial originada en una ‘afirmación primera’". Este sistema mental organiza el mundo mediante conceptos y percepciones que la costumbre se encarga de cosificar y naturalizar como verdad.
La correspondencia con la teoría lacaniana es clara: la "afirmación primera" puede leerse como la instauración del Orden Simbólico, la red de significantes que preexiste y captura al sujeto. El objetivo estético de MF, su Belarte, es combatir esta certeza ilusoria y anular falazmente el Misterio. La búsqueda de la "conmoción estética" es, por lo tanto, una estrategia para subvertir el Orden Simbólico que impone una identidad fija. El mareo del yo y la desidentificación momentánea que el lector experimenta constituyen la praxis literaria para desarticular la identidad rígida y permitir la emergencia del sujeto evasivo que se define por la Altruística.
GLG destaca la "inorganicidad" de la escritura macedoniana, manifestada en su método de la digresión. La digresión, definida como el apartarse del asunto para tratar algo menor, se convierte en el mecanismo central de la narrativa.
Desde una perspectiva psicoanalítica, esta estrategia se interpreta como el deslizamiento constante del significante (el movimiento metonímico) que caracteriza el discurso del inconsciente. El texto nunca llega a un significado fijo o una "llegada" narrativa, manteniendo al sujeto y al enunciado en una redefinición perpetua. Al preferir los espacios múltiples y compartidos de las revistas a la "propiedad privada" del libro, Macedonio opera una política de la escritura que evita la singularización y el narcisismo del autor, su ironía niega el individualismo posesivo. La escritura inorgánica es, así, una manifestación estética que promueve la Altruística al desvincular al sujeto de su posición de autor soberano, un gesto que resuena con la crítica a la identidad y al subjetivismo de la primera mitad del siglo XX.
La Convergencia en la Desrrealización Estética
Macedonio Fernández y José Lezama Lima, aunque separados geográfica y estilísticamente (el vanguardismo fragmentario del argentino frente al neobarroco cubano), comparten una ambición estética: confrontar el discurso normalizado y llevar a cabo una tarea de desrrealización. Ambos buscan una literatura que desafíe la complacencia y la comunicabilidad fácil.
La crítica identifica a Lezama Lima como un autor que ejecuta "algo anacrónicamente, una tarea... de desrrealización". Mientras MF emplea la destrucción de los géneros y el humor conceptual para la subversión, JLL utiliza la "economía del exceso" de palabras, creando frases saturadas y "selvas sintácticas". Esta sobrecarga, designada como "barroco latinoamericano", es un método de resistencia formal que, al igual que la fragmentación macedoniana, obliga a una "lectura desviada" y a la redefinición constante de lo real.
La estética de Lezama Lima se fundamenta en el concepto de la Imagen. Para el cubano, la imagen trasciende el dualismo realidad-irrealidad, pues "no representa la realidad, es la realidad," formando un "uno indual" junto a la creación.
Esta postura tiene una profunda analogía ontológica con la "metafísica de la afección" de Macedonio Fernández. MF, a través de su "empirismo de lo irreal", busca anular la noción de muerte. La figura central de su novela, Eterna, es la amada que Deunamor revive por creer en la eternidad de los amantes. La negación de la muerte en la ficción (Elena como "la niña del fingido morir") es la imposición de una imagen metafísica que posee validez ontológica absoluta sobre la realidad biológica. Tanto MF como JLL coinciden en la ambición de que la creación estética debe establecer una dimensión que sitúe al hombre como punto medio entre la naturaleza y la sobrenaturaleza, resistiendo así la gravedad de la finitud.
Ambos autores manipulan la temporalidad narrativa para evitar el cierre y mantener la obra en estado de potencialidad. En Lezama Lima, la "incesancia" de la prosa y la sobrecarga cultural detienen la marcha del texto y destituyen la intención racional.
En Macedonio, esta suspensión se explicita en la famosa instrucción al lector: "Leerás más como un lento venir viniendo que como una llegada". El propósito de ambas estrategias es el mismo: forzar la participación del lector en el proceso creativo y suspender el tiempo lineal y teleológico de la narración convencional. Al evitar la clausura definitiva, el texto permanece en un estado de posibilidad permanente o lo que se denomina "lo neutro" —ni vida ni muerte, ni presencia ni ausencia, ni esto ni lo otro—, garantizando la incesancia del Misterio. La obra, por lo tanto, no es inconclusa, sino que constituye un nuevo orden de literatura totalizante e irreductible.
La Totalidad Indeterminada y el Legado de la Imposibilidad
Macedonio Fernández, desde su posición de precursor y pensador ontológico, llevó a cabo una crítica integral de la modernidad. El diálogo con Kierkegaard, Derrida, García y Lezama Lima permite aprehender la magnitud de su proyecto como una desfundación total, donde la estética es indisociable de la metafísica y la ética.
La crítica al yo solipsista (que MF reduce a un "almismo ayoico") se articula mediante la ironía y el humor conceptual (Kierkegaard) para alcanzar la Altruística, una pasión ética de dominio relacional. Saber traducir siempre. Esta praxis es necesaria para romper con la realidad entendida como "costumbre" y "afirmación primera" impuesta por el orden simbólico (García).
Simultáneamente, la forma de la obra se somete a una crítica textual radical (Derrida). La anulación de la figura del autor, la preferencia por la escritura inorgánica y la estructura de prólogo infinito en el Museo son métodos prácticos de différance y de cuestionamiento al cierre sistémico. Al redefinir la relación entre la escritura y el sujeto, Macedonio inaugura una política de la literatura que resiste la propiedad y la solemnidad.
Finalmente, la superación estética de la finitud, manifestada en el intento de vencer a la muerte por la creencia en la Eterna, lo une a Lezama Lima en una "tarea de desrrealización" donde la Imagen (o el "empirismo de lo irreal") se postula con validez ontológica absoluta.
El legado de Macedonio Fernández reside en su devoción a la indeterminación. Su obra, al proponer una lectura que es un "lento venir viniendo," permanece en la promesa de lo posible, desafiando al lector a asumirse como co-creador. No se trata de la destrucción nihilista, sino de la orientación de la construcción del pensamiento hacia una nueva forma, liberada de la tiranía del Yo y de la certeza fenoménica, un espacio donde la literatura se convierte en la invención de "un pueblo que falta".